Reportaje interpretativo/testimonial
Se han modificado los nombres
El embarazo precoz es una realidad social que prevalece desde hace muchos años en las familias Latinoamericanas más desfavorecidas, testimonios de mujeres venezolanas reflejan los diferentes matices de un fenómeno convertido en patrón hereditario.
En el patio central se despabiló el
palo de agua. Magali se resigna y deja la ropa en cualquier parte para preparar
café, sus manos saben de memoria la ubicación de todos los utensilios. Desde la
ventana mira como las ráfagas de viento quieren desprender las cuerdas de
alambre. Su cuerpo aparenta mucho menos de 30 años, sus grandes ojos marrones
son esquivos, en su mirada agotada se percibe una humedad helada.
Magali Cermeño supo a sus 14 años que
estaba embarazada, desde entonces se volvió taciturna y el ceño le quedó
fruncido para siempre. Adriana ya tiene 16 años, verla es como estar frente a
Magali en sus años mejores. Parecen hermanas. La adolescente es risueña, al
contrario de su mamá que de tanto economizar todo se le agotó la sonrisa y
siempre guarda silencio. Un año después nació Andrea, acaba de cumplir 15 primaveras,
sin vals, sin damas de honor ni un padre que se sirviera, por lo menos, en
ponerle la zapatilla.
La realidad de esta treintañera no
refuta lo que sentencian las últimas estadísticas: más del 50% de las mujeres
que han tenido embarazo precoz vuelven a quedar embarazadas un año después y
casi el 75% a los dos años. Tenía 19 años cuando el siguiente marido la dejó
con más penas que glorias, la otra mitad del hogar huérfana y un par de
gemelos: Sofía y Santiago quienes a sus 11 años preguntan quién es su padre.
—Ella se parece a ti y yo me parezco a
mi papá. —Dice Santiago refiriéndose a su hermana.
—Ella se parece a mí y tú eres
igualito a tu tío Ricardo. —Aclara Magali.
Frank y Juan Carlos se marcharon ahorrándose
la cortesía de dejar el apellido, ignorando que con su partida arrojaron a
Magali al 60% de mujeres venezolanas que crían solas a sus hijos. El mayor
temor de esta mujer que no pudo terminar el bachillerato es que sus hijas repitan
su historia y pasen a formar parte del 40% reservado a madres adolescentes
solteras.
A ella le da miedo creer, y cómo no,
si tantas veces ha creído en “tonterías de hombres” y ahí está, atendiendo con
abnegación las consecuencias vitalicias. Aunque crea o no las estadísticas son
irrefutables y “alarmantes” como las calificó el presidente de Venezuela, Hugo
Chávez. En 2010 de los 591.303 partos, 130.888 fueron de menores de 19 años y
7.778 de madres menores de 15 años.
El temor de Magali y de otras tantas
madres está sustentado en el aumento sostenido de niñas madres que ubica a Venezuela
como país líder en embarazos prematuros. El fenómeno social que ha sido
catalogado como un problema de salud pública a escala mundial, en este país se
ha venido incrementando: en 1990 la incidencia de jóvenes embarazadas era de
13%, en 2001 aumentó a 15%.
No son un aliciente los números del Ministerio
del Poder Popular para la Salud que en 2007 publicó la cifra de 23%, mientras
que organismos internacionales como el Centro Latinoamericano Salud y Mujer y
la Organización Iberoamericana de Juventud, aseguraron en ese mismo año que el
índice venezolano se encontraba entre 27% y 30%. Las últimas mediciones se
realizaron en 2010 y según el Ministerio de Salud 24% de los partos en
Venezuela son de adolescentes.
José González es un hombre de 37 años,
no recuerda cuando fue la última vez que estuvo en un salón de clases “yo
estudié hasta cuarto o quinto grado”, divaga. Su día transcurre al volante de
un carrito por puesto. Muchas veces no le alcanza las horas de trabajo para
llevar el pan a su hogar y servir la mesa como Dios manda. Tiene 3 hijos:
Alexander, Alberto y Alfonso de 15, 13 y 8 años respectivamente “gracias a Dios
todos son varones” se tranquiliza. Su esposa es ama de casa a tiempo completo.
Haciendo la ruta diaria conoció a María Rodríguez una niña que en aquel momento tenía 13 años de edad
y usaba el transporte de lunes a viernes para desplazarse desde el Liceo al Barrio donde habita. Al cabo de unos meses el chofer y la
adolescente estaban envueltos en un romance ilícito. El fruto de todas las
veces que se arroparon bajo la impunidad hoy tiene 2 años de edad, el mismo
tiempo que ha transcurrido desde que la muchacha abandonó el liceo para
trabajar y cuidar a su retoño. El matrimonio González superó el “desliz”.
Con base en estadísticas sobre
embarazos prematuros y abortos se presume que la edad media de iniciación
sexual en Venezuela está entre los 12 y 14 años. Especialistas afirman que la
mayoría de los varones que embarazan a adolescentes son hombres adultos entre
36 y 39 años. No son pocos los casos de niñas que asisten a las consultas
ginecológicas con sus madres y ambas prefieren ignorar el tema sobre el corresponsable
de la vida que se germina en el vientre
de la púber.
María Rodríguez no está fuera del
denominador común de los Barrios de Venezuela donde no haberse procreado antes de los
16 años es una novedad. En las calles polvorientas, que parecen de tiempos
remotos, es costumbre ver niñas barrigonas con un bebé engarzado en las
caderas. Este sector olvidado es de madres adultas que lloran bajito, techos
sin padre, niñas con muñecos de carne y hueso extraídos desde sus propias
entrañas, cercas de alambre a medio terminar adornadas con hileras interminables
de trapitos diminutos.
El embarazo precoz pone de relieve
otros problemas sociales, como la pobreza extrema, la deserción escolar que hoy
se ubica en el 60% de muchachas embarazadas. En 2010 solamente en el estado
Bolívar 22% de la población adolescente había interrumpido los estudios y
estaba esperando parto sin el apoyo de sus parejas en la mayoría de los casos.
Magali Cermeño dice conversar con sus hijas
abiertamente sobre sexualidad, “la mayor tiene un noviecito, eso para mí es un
dolor de cabeza”, se lamenta sin poder evitar que se le quiebre la voz. Adriana
y Andrea dan muestra de una educación esmerada, parecen tener más información
de la que su madre les ha proporcionado, lo que despierta suspicacia en la
joven mujer.
Guiados por el Instituto Nacional de
Estadística estas chicas saben cuáles son los métodos anticonceptivos más
eficaces, en tanto que el 70% de los jóvenes los conoce, pero esta cifra no es
garantía de un embarazo no deseado porque según la Encuesta Nacional de
Población y Familia solo 1 de cada 10 adolescentes los usa en el inicio de su
vida sexual.
Un problema de vieja data
Josefina empezó a parir a los 13 años a sus 44 años ya tenía 10 hijos. Siempre se
le vio sola, arrastrando los pies, los ojos verdecitos, el cabello tostado por
el sol y enfundada en una suerte de sotana de flores enormes. La mujer murió a causa de un cáncer
de cuello uterino que desde los primeros síntomas trató de curarse con remedios
caseros y bebedizos mágicos.
Las causas de antes son las mismas de
ahora, cómo no alarmarse con esta afirmación de algunos sociólogos,
quienes reflexiona sobre los motivos predominantes: falta de educación y
prevención. Además, sostienen que
muchos de los embarazos precoces están asociados a una infancia traumática y
hogares disfuncionales donde por lo general falta el padre o este es un hombre
maltratador y/o alcohólico.
Es tiempo de mujeres con aspiraciones
nuevas, cuyas metas sean una formación personal íntegra, alcanzar un alto nivel
educativo, estabilidad laboral, económica y emocional. Mujeres sanas física y emocionalmente
tienen hijos sanos, con esta frase se describe el ciclo ideal para
la transformación de una sociedad. Se
deben dejar de fabricar mujeres como Magali, mujeres de esas que aun sin lluvia
tienen relámpagos en el alma. Mujeres como Josefina que mueren mucho más que solas,
mal acompañadas.